Cualquiera diría que la Epistemología es aquello que se estudia en un curso de doctorado pero sobre lo que nunca más se vuelve a pensar. Sin embargo yo llevo un par de años en que para mí se ha convertido en un elemento clave de mis reflexiones y de mis paseos en bicicleta por los maizales y praderas de Wisconsin. Clave no sólo con respecto a todo lo mucho o poco que he aprendido en los últimos casi cuarenta años y que ahora cuestiono porque no estoy seguro de cuánto de lo que he aprendido es verdadero, cuánto es una construcción social y cuánto es simplemente falso.

En Octubre de 2005 tuve la oportunidad de escuchar en Camden, Maine a Nassim Nicholas Taleb. Entonces uno de sus libros (“Fooled by Randomness: The Hidden Role of Chance in Life and in the Markets”) me ayudó a entender porque muchas veces aquellos que nos dedicamos a la gestión empresarial (“management”) estamos más equivocados de lo que nos creemos. Generamos explicaciones racionales y plausibles para acontecimientos que ya han sucedido, independientemente de lo absurdo e imposible que fueran “antes de suceder”.

Recientemente Taleb ha publicado otro libro (“The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable”) que es una versión más refinada y elaborada pero con las mismas ideas básicas que su anterior libro. Mucha gente lo critica, a lo mejor con razón, pero para mí no hay duda de que hay algunas buenas ideas (además de esa que habla acerca de acontecimientos raros e inexperados que pueden tener un efecto brutal en nuestras vidas, nuestros negocios, etc.). Una de esas ideas es la que hace referencia a como estamos “diseñados” biologicamente para buscar la confirmación de nuestras ideas y pensamientos.

Lo bueno del libro, desde mi punto de vista, es que aproxima a todos aquellos de nosotros que no somos intelectuales a las ideas de Popper, Hayek, Poundstone, Samuelson, Poincare y otros pero desde lo cotidiano, no desde lo puramente filosófico . Yo tuve la gran oportunidad no sólo de ver y escuchar a Popper en el Palau de la Generalitat de Barcelona sino de que el Profesor Eduard Bonet me introdujera a sus ideas y a las de todos aquellos que han hecho aportaciones relevantes a la filosofía de la ciencia y al conocimiento en general. Han pasado más de quince años pero todavía pienso en esos temas e intento que mi trabajo y mi vida cotidiana este marcada por ellos y no por los prejuicios ni las construcciones sociales (aunque es más fácil decirlo que hacerlo).

Es ahora que aprecio mucho más a aquellos que fueron importantes en mi educación, por buenos o por malos y por eso les dedico el siguiente agradecimiento:

“A todos aquellos de los que aprendí verdades muchas gracias, y a todos aquellos que me enseñaron ideas falsas también muchas gracias, de verdad.”